¡Viva México!

 

Una mesa con mucha comida

Por Jacinto Cenobio

¿A quién no le gusta comer bien? Y digo, no es necesario gastar dinero a cántaros, hablo precisamente del sabor, ese sabor de casa que te puede empalagar, enchilar o simplemente perder los ojos de sus órbitas para expresar con una mueca y al mismo tiempo de limpiarte “los bigotes con la lengua” de lo sabroso que está.

México, en sus raíces, tiene sabores que no están en otros países, casi todos, al realizar un largo viaje al extranjero terminan llegando con prisa a pedir sus tacos, un pozole, unos panuchos, la cochinita y sí, ¡una buena salsa!

¡Grasa! Expresa mi gente cuando pide su carne y no se diga un caldo como el chocolomo, de pavo, mariscos, frijoles con cerdo, hasta lo frito con mucho aceite como las empanadas y por supuesto el kastakán en taco o en torta sin quedar detrás la chicharra con guacamole o pico de gallo, sin olvidar la mezcla de chiles secos o carbonizados para hacer todo tipo de moles. Poética actividad en las cocinas mexicanas y más cuando entra el sol del amanecer o de una tarde para poder tomar una foto, enmarcarla y recordarnos que tenemos citas pendientes con la familia y/o amigos.

Me deben perdonar los veganos al momento de expresar mi amor incondicional por la carne de res, cerdo, pollo, pescado o alguna especie no común que está entrando al menú de muchos paisanos como la carne de cocodrilo -déjame recomendarte la experiencia-.

México -creo- no lo llevamos tanto en la piel sino más bien, en el paladar. Basta con cerrar los ojos y recordar esos guisados de la abuela, de mamá o aquella comida donde te llevaban de niño los fines de semana cuando era quincena con la doña del mercado, la fonda… ¿Qué sé yo? Pero es verdad, que con más intensidad y cariño son los recuerdos cuando están acompañados de aquellos escenarios donde la comida está presente: Navidad, cumpleaños, aniversarios; cualquier tipo de evento, la comida está al frente para ser el pretexto de unir, reconciliar, negociar, conocer, conquistar…

 

Estemos de acuerdo con algo y es que la comida en una mesa y en nuestros estómagos es la cristalización, la consagración, el fin único de nuestros amigos trabajadores del sector agropecuario. Así que los 15 de septiembre gritemos ¡Viva México! Reunidos y en el centro una mesa con mucha comida, ¡Sí señor, eso es independencia!

 

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