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El amor entra por la vista

¿Cómo reconocer un buen cuarto de milla?

Humberto Mora nació para querer a los caballos, ellos han tocado su vida y ahora se dedica a montarlos, criarlos, educarlos y sobre todo a disfrutar de su presencia. Con la observación aprendió ciertos trucos, mañas, delicadezas… Es entrenador del Centro Ecuestre en el Rancho Tierra Bonita de la ciudad de Mérida y nos platica sobre sus impresiones de los animales del criadero de San Diego en Tabasco.

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¿Qué has visto en este criadero de San Diego?
El Rancho es 100% de trabajo. Sus naves son limpias, ordenadas y hay una para cada requerimiento: una para los caballos reproductores, otra nave donde resguardan a las yeguas con sus crías, etcétera; además tienen espacios abiertos para que los potrillos puedan estirarse y pastar.
En tu experiencia como entrenador, ¿cómo se puede descubrir que hay un buen cuarto de milla frente a ti?
Dicen que el amor entra por los ojos. Nos fijamos en las extremidades, los aplomos, las patas, el equilibrio que debe haber entre la cabeza y el cuerpo del caballo… Todo eso que como entrenadores buscamos en los prospectos a entrenar. La selección que ha hecho este rancho en sus programas de reproducción les ha dado resultados muy buenos y eso lo muestra la alta calidad de la condición corporal de los caballos.

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¿De aquí para cualquier país del mundo?
Sí, de hecho, manejan cuarto de milla de línea ligera para carreras, importando caballos y yeguas que han servido como vientres y poco a poco se ha ido sacando una remesa de potrillos que son los que destinan a entrenamiento y competencias.

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