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El Pacto Verde Europeo: oportunidades para América Latina

Por César Guerra y Pelle Geersten

Hay un nuevo concepto que domina la política europea, se llama el Pacto Verde – o Green Deal, en inglés. El pacto fue anunciado el 11 de diciembre por la Comisión Europea. Se trata de la mayor apuesta del bloque para enfrentar el cambio climático, la transformación de la economía y posicionar a la Unión Europea (UE) como líder global en políticas a favor del clima.

Si bien el Pacto Verde se llama europeo, y aunque la mayoría de sus políticas son orientadas hacia el interior, el resto del mundo debería prestar atención. El cambio que traerá el pacto está destinado a impactar las exportaciones a la UE y a dar forma a la regulación ligada al medio ambiente en más y más países. Será casi imposible para cualquier industria o sector importante no sentir sus efectos.

¿Pero qué es el Pacto Verde? Es un proyecto que conlleva una transición de las sociedades de la UE en las siguientes tres décadas, comenzando a sentar los cimientos en los cinco años que dura esta Comisión. Este plan es parte integral de la UE para cumplir con sus compromisos de la agenda de desarrollo sustentable en Naciones Unidas. El objetivo de la UE para el 2030 es incrementar la reducción planeada de emisiones de gases de efecto invernadero (GHG, por sus siglas en inglés) a entre 50 y 55 por ciento con respecto a las emisiones en 1990, cuando hoy dicha reducción está pensada en 40 por ciento.

La meta de la UE para el 2050 es ser neutro desde el punto de vista de emisiones. Es decir, las emisiones que haga para entonces se contrarrestarán con la captura de carbono de su propio ecosistema.

El anuncio del pacto lista 50 acciones comprendidas en 10 grandes rubros. Todas las acciones y políticas de la UE, desde comercio hasta la inocuidad alimentaria tendrán que contribuir con los objetivos del Pacto Verde.

A lo largo de estos meses, a pesar de algunos retrasos por la pandemia, la Comisión ha puesto en marcha las primeras etapas de varias iniciativas que verán su instrumentación el próximo año. Algunos de los temas que serán controvertidos por el tratamiento que la UE mandate en el Pacto Verde incluyen deforestación, reducción en el uso de pesticidas y fertilizantes, biodiversidad, pesca y acuacultura, aceite de palma y biocombustibles, impuestos en frontera por la huella de carbono, nuevos esquemas de certificación, nuevos etiquetados, y la debida diligencia o actuación de las empresas. Las medidas detrás de estos conceptos harán más difícil la entrada de productos al territorio europeo.

Por ejemplo, la UE está tratando de identificar los productos cuyo proceso implicaron deforestación y afectación a la biodiversidad. Se manejan conceptos como evitar la “deforestación importada”. Hay algunas voces que proponen prohibir o gravar la importación de productos relacionados con posibles daños a los ecosistemas. Los más moderados piden establecer un método para certificar los productos que estén libres de deforestación, y plasmar de manera obligatoria en la etiqueta su huella en el medio ambiente.

Hay una discusión sobre si la certificación por el buen comportamiento del productor debe ser obligatoria con criterios prestablecidos por la UE o, por el contrario, el comprador responsable de distribuir el producto en Europa deba ser el que se comprometa a adquirir solamente productos que cumplan con ciertas características ambientales, además de laborales y de derechos humanos. Esta práctica es también conocida como debida diligencia.

Asimismo, la reducción o prohibición en el uso de ciertos pesticidas y fertilizantes impactará a los exportadores en zonas tropicales que, produciendo en condiciones climáticas distintas a las europeas, utilizan dosis o productos diferentes a los que sus pares en Europa necesitan. Dejar atrás los agroquímicos para dar paso a productos biológicos impactará en el costo de producción. La ventaja para Europa es que contemplan por lo menos el 40 por ciento de los recursos para ayudar a sus agricultores a amortiguar el ajuste.

La UE se distingue por ser un bloque que establece sus regulaciones más con la bandera del principio precautorio que con los lineamientos internacionalmente reconocidos y desarrollados con otros países en organismos internacionales. Sin embargo, las medidas que adopte la UE seguramente servirán de modelo para otros países que igualmente busquen modernizar sus reglamentos en aras del medio ambiente.

América Latina tiene grandes retos con las medidas que la UE está preparando. Productos como el aguacate, el café y el cacao se han mencionado como contribuyentes a la deforestación. Las medidas sobre biocombustibles que la UE tiene en vigor dejan fuera al aceite de palma de los criterios para considerarlo combustible sustentable. Esto demuestra que la UE está dispuesta a adoptar medidas que afectan al comercio si considera que actúan a favor del ambiente, a pesar de que podrían ser violatorias de la OMC al beneficiar a productores europeos de oleaginosas.

Justo ahora es tiempo de actuar para los sectores exportadores de América Latina, ya sea de bienes agropecuarios o industriales. Las ideas de la Comisión Europea para concretar el Pacto Verde se están poniendo a consideración de los actores para sus comentarios. Estos insumos son tomados en cuenta en mayor o menor medida por los que elaboran las políticas. Las medidas en puerta para materializar el Pacto Verde son muchas; afortunadamente cualquier interesado puede emitir comentarios para influir con ideas que contribuyan al medio ambiente, y que al mismo tiempo distorsionen lo menos posible el comercio.

La oportunidad de actuar es ahora, y una vez que pase la ventana, podría tomar una década o más antes de que surja una oportunidad similar.

 

Fuente: El Financiero.
(*) Consultores en comercio internacional en Euraffex con sede en Bruselas.

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