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La fortaleza de un ganadero

Don Luis Rodríguez Canto: Un hombre de campo

Recorriendo Tizimín como habitualmente lo hace Rural MX, platicábamos entre amigos y nos sugirieron entrevistar a un personaje de familia ganadera. Al entrar la llamada le saludé y escuché una voz firme y apresurada que se limitó a decir: -¿De dónde habla, que necesita?- Al recibir respuesta nos confirmó que estaría en su propiedad en un par de horas porque estaba pagando a su gente. Don Luis Rodríguez Canto tiene 55 años ha crecido en el campo, ama a su familia y es un hombre que trabaja de sol a sol por lo que quiere.

¿Cómo se recuerda de niño?
En el campo. En vacaciones, mi familia iba al puerto y yo prefería estar en el rancho, no me gustaba ir a la escuela, quería estudiar para ser vaquero. Mi abuelo, don Manuel Rodríguez Acosta, inició con el Rancho Chablé, en unos terrenos madereros que pertenecían a la Colonia Yucatán, el centro maderero más importante del oriente. Mientras hacían los cortes aprovechaban para sembrar maíz y zacate, y se da cuenta que hay pastura, compra sus primeras vacas y después adquiere otro terreno hasta consolidar 3,500 hectáreas, hizo crecer el ganado criollo de la región con las conexiones a través del Banco del Sureste. Fue uno de los primeros impulsores del transporte de pasajeros y carga, hizo la primera carretera y abrían caminos aquí en Tizimín con las concesiones que les daban. Vendía carbón, leche, cría de caballos e hicimos la venta de las primeras mulas a Chiapas para bajar el café de la montaña. Había mucho comercio hacia Chiapas, Oaxaca, Veracruz y venía mucha gente a comprar bestias.

¿En ese entonces cómo era la ganadería?
Los señores Macari, importantes ganaderos en Yucatán, iniciaron las primeras importaciones con ganado de Estados Unidos transformando la ganadería. En ese momento nace la visión del ganadero por refrescar sangre y manejar más genética. El que ya tenía ganado quería comercializarlo, como mi abuelo. Mi papá y mi tío se dedicaron al ganado de registro, mi tío empieza con el ganado Braman y mi papá con un lote. Hicieron una exportación con toros de la Florida, trajeron embriones, semen y hacen crecer el hato ganadero de registro y por ende más ganaderos. En el caso de las ferias convives desde el más humilde hasta el más adinerado, es un medio de interacción importante.

Habla con mucho orgullo de su abuelo… ¿Cómo fue la relación con su padre?
Mi papá me orientó y ayudó a conocer mi pasión. Me gustaban los gallos de pelea, a los 15 años me dijo: «Los gallos son muy bonitos, pero te vas a morir de hambre. Hay 2,000 hectáreas de rancho que produce, hay venta de maíz y alimentos, una llantera…Necesito que te pongas al frente del rancho, así que decide. Estudié hasta la secundaria y dejé la escuela para meterme a trabajar al rancho. Contaba con el empuje de él, me contrató a unos genetistas de México, se iban conmigo dos o tres meses al rancho para enseñarme a inseminar, palpar ganado, detectar enfermedades, curar, sacar un becerro, castrar, descornar, extirpar dientes con problemas, atender un mal parto… abrí mi mente. Mi primer curso de inseminación fue a los 16 años y me lo da el médico y amigo Jesús Conde Medina. Tuvimos una muy buena relación no sólo de padre-hijo, sino de amigos, un gran engranaje, me dolió mucho su partida. Nos parábamos desde las 3:30 o 4 de la mañana a trabajar, teníamos ganado en sociedades del municipio de Panabá (500 vacas), aquí teníamos como 700 vacas repartidas y en el rancho habían 1500, con ganado, maíz, llantera, venta de alimentos… era un trabajo gigantesco. A los 20 años me casé y nos fuimos a vivir al rancho, mi padre me llevaba los insumos para no tener que viajar durante 5 horas, de ahí nacieron un hijo y una hija.

¿Quién era su competencia?
En Yucatán, el respeto, la admiración y lo inalcanzable para un muchacho como yo, eran los Macari, los mejores criadores del Estado y del país. Llegó un momento que logramos rebasarlos, empezamos a competir, ellos eran quienes nos vendían semen del que usaban, y nosotros hacíamos cruzas y consolidamos nuestra ganadería tras un trabajo genético, que nos reconocían a nivel mundial: en Brasil, Colombia, Panamá, Venezuela, Costa Rica, vendíamos ganado. Empezamos a comprar semen de Estados Unidos, más caro y de todas las razas. Nosotros le invertimos al rancho, le metimos más fuerza y trajimos veterinarios para consolidar un hato ganadero muy bueno; estuvimos casi 20 años con el primer lugar nacional en nuestra ganadería. Eran los años 70´s.

¿Qué sucedió después?
Cuando muere mi papá en 1997 tras una enfermedad muy dura, le cumplo la última Feria de Villahermosa que le prometí para llevar sus animales, cuando termina, les entrego todo a mi mamá y mis hermanos para que lo administren y dedicarme a consolidar mi ganadería. Hace como 7 años lo dejé y empecé a dedicarme a la política, fui alcalde de Tizimín y legislador en el municipio, me absorbió bastante tiempo… me costó el divorcio. En cuanto al rancho, sigo trabajando en la transferencia de embriones e inseminando, si Dios me lo concede, estaré en Xmatkuil con el ganado Nelore, originario de Angola, que importa Brasil, y está cruzándose con diversas razas; nosotros logramos comprar semen de primera de los mejores toros brasileños usándolo en lotes de lo mejor consolidado en el estado a nivel genética, en el fenotipo construido; también me fui dos meses a Brasil a tomar cursos. Y estoy feliz, mis hijos entendieron el divorcio, ahora tengo una nueva pareja y una hija de tres meses, mi anhelo más grande es consolidar a todos y aunque son tan diferentes son mi mayor orgullo.

¿Se considera un hombre millonario?
De la vida, de salud, de bienestar. Es una riqueza que no tiene precio… Hay personas que tienen millones de pesos y se están muriendo, y no pueden hacer nada con su dinero. Es pasión. Así como un hombre amanece y está soñando con un yate, irse a altamar… así soy yo, sólo que en esto. Siempre he sido un hombre de palabra, caballero y sincero, no he defraudado a nadie, firme, como me enseño mi padre, me siento bien conmigo mismo. Me hace falta mi papá pero tengo muchas otras cosas, como mis hijos. Hay que tener calidad humana; he ayudado a mucha gente, he sido un hombre agradecido de la vida y ella me retribuye enormemente.

¿Es el patrón o el líder?
El patrón y el líder, pero más que el patrón, soy su amigo… hay que ser amigo de la gente que te trabaja.

¿De dónde cree que radica ese respeto, a qué se debe?
Porque yo los respeto y los admiro, les enseño, les llamo la atención cuando se requiere, porque hasta para regañar hay que saber cómo y por qué lo harás. Ahorita voy a bajar a Tizimín a comprar el pan y lo necesario para que a las 5 de la mañana que llegan ya tengan su desayuno, diario les cocino ya sean huevos con longaniza, revueltos, a la mexicana, con tortilla, café, frijoles, al terminar el desayuno se van a trabajar, ya está programado lo que tienen que hacer, a la una de la tarde regresan a almorzar. Convivir con ellos, mis trabajadores, no tiene explicación,… Es una actividad motivadora.

Por Isabel Juárez

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