La simplicidad de la vida

 

Una misión, un momento

Por Jorge Alanis Zamorano

Don Miguel Barbosa recibe a las visitas con ganas de charlar, de empatar tu tiempo con el suyo, relajado invita a sentarte y en un principio se deja guiar por cómo eres, te observa, escucha y comienza a bajar el ritmo que uno lleva. Es como un gurú que combate al demonio de “las prisas” y lo expreso así porque es casi normal enfrascarnos en un estrés laboral del que es difícil escapar. Siempre contra el reloj, llegar a tiempo, lograr lo más posible.

Sin decir una palabra, él me acercó a la sombra de un árbol y nos sentamos. Le tomé un par de fotos, agradeció el gesto, como seña de cortesía me preguntó cómo estaba el trabajo mientras con su mano nuevamente me invitaba a sentarme.

¡Bien! le contesté, corriendo como siempre, pero ¿qué se le hace? Mientras me sentaba le regresé la pregunta, y… ¿A usted cómo le va don Miguel? Se quedó callado, se acomodó y comenzó su charla, lo que él tenía claro -eso creo- que debía escuchar.

“Trabajando también y como mi padre me decía, es aquí en tu tierra, donde sales adelante, el lugar donde harás dinero y no en otro lado. No necesitas irte al extranjero a trabajar si lo mismo lo puedes hacer donde naciste”.

Finalmente, obtuvo toda mi atención. “Comenzamos con una panadería que aún continua mi padre, me quedé aquí en mi tierra y hasta trabajo seguimos dando. Como somos del campo trabajé en mi propio terreno y comencé a saber más de los cultivos del suelo, pero ¿sabes algo? debes continuar aprendiendo, preguntar, investigar porque no importa si lo haces bien, debes hacerlo mejor cada vez. Yo no tuve escuela sino hasta avanzada mi edad. Casi 18 años tenía cuando un señor me dijo que no dejara la escuela así que decidí continuar”.

Mientras don Miguel su relato continuaba, logré captar ese rostro de dicha y con esa claridad de su tiempo. Intercambiamos algunas ideas y me detuve en el momento cuando tocó la incógnita de oro que muchos nos planteamos en cierta etapa de la vida: ¿cuál es la misión, a qué vine, para qué estoy? ¡Es verdad don Miguel! ¿Cuál es la respuesta, sabemos que nada nos llevaremos? Me miró con calma y me dijo: “Es que nada nos llevaremos, la misión igual ya la cumplimos porque tal vez fue ayudar a alguien, darle un consejo, levantarlo del suelo cuando cayó, detenerlo unos minutos porque tal vez algo malo le pasaría, miles de opciones pueden ser; quizás ya cumpliste tu misión y es entonces cuando haces y continuas con lo que te gusta…, ¡Eso sí!, nunca dejes de ayudar a la gente, no les des la espalda porque puedes perder la oportunidad de cumplir tu misión, ni tampoco de hacer y seguir con lo que te gusta”.

Probablemente más de uno debemos saber esto, de una filosofía simple pero con una profundidad y forma tal que no requiere más que regresarnos al momento en el que somos personas, con la capacidad de brindar ¿qué? Eso en el camino lo sabrás, no perdamos el tiempo y regresemos la mirada hacia nosotros como un todo; “el resto, solito llega, no te preocupes y no dejes de trabajar” me dijo don Miguel Ángel Barbosa López.

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