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Abejas africanizadas ayudan

Abejas africanizadas ayudaron a crecer población de árboles frutales

David Roubik ofreció ayer la conferencia inaugural de la Semana de Intercambio Académico de El Colegio de la Frontera Sur.
Casi 30 después de la llegada de abejas africanizadas a México y Centroamérica, hay datos que indican que esa especie ayudó a la multiplicación de algunos árboles frutales que tardan más de siete años en crecer, como la familia sapotaceae de la cual forman parte los zapotes y chicozapotes. Así lo explicó el doctor David Roubik, investigador del Smithsonian Tropical Research Institute, al ofrecer ayer la conferencia inaugural de la Semana de Intercambio Académico de El Colegio de la Frontera Sur (Ecosur-Conacyt)
Fuente: ANTIMIO CRUZ. CRÓNICA.

Roubik, quien desde hace 50 años realiza estudios sobre las interacciones entre plantas e insectos polinizadores en México y Centro América, habló ante 150 investigadores y estudiantes de posgrado que se reúnen en la capital de Quintana Roo para analizar el concepto de conectividad desde diferentes disciplinas como las agrociencias, ecología, migración, salud, genética para la conservación e identidad cultural, entre otros.
El investigador utilizó a las abejas africanizadas como un ejemplo de mutualismo, es decir, una interacción biológica entre individuos de diferentes especies, en donde ambos se benefician y mejoran su aptitud biológica.
Específicamente en el sureste de México y Centroamérica, las abejas silvestres de la Península de Yucatán tuvieron que desplazarse y cambiar su dieta, abandonar muchos árboles frutales y buscar polen de plantas leguminosas, que no podía aprovechar la africanizada, porque su polen está guardado en la flor y no puede ser extraído si la abeja no vibra de una manera que sí hacen las silvestres, pero no lo hacen las invasoras.
Años después de esta adaptación, las abejas silvestres pudieron regresar a los zapotes porque las invasoras polinizaron mucho y permitieron que germinaran y florecieran tantos árboles sapotaceae que fueron suficientes para alimentar a las nativas y a las invasoras.

Doctor David Roubik, investigador del Smithsonian Tropical Research Institute
Doctor David Roubik, investigador del Smithsonian Tropical Research Institute

SOMBRA AFRICANA. Las abejas africanas o africanizadas comenzaron a detectarse en la Península de Yucatán alrededor de 1988. Debido a su acentuado comportamiento defensivo, así como a la alta toxicidad de su veneno y aparente baja producción de miel generaron preocupación y los apicultores tomaron medidas para alejar a esa especie de sus colmenas, pero no se sabía qué impacto tuvieron en las abejas silvestres, pues se conocen al menos 20 especies silvestres que ya eran conocidas por los mayas desde hace 3 mil años.
“El proceso del que hablamos, en el que la competencia se hizo mutualismo, ocurrió a lo largo de varios años porque fue necesario que pasara el tiempo suficiente para que se reprodujeran estos árboles que no son herbáceas que salen cada año. Los zapotes son árboles leñosos y para llegar a su madurez tiene que sobrevivir como ocho años, entonces empieza a echar flores y frutas que fueron suficientes para varias especies. Todos esos años nosotros mantuvimos un proyecto de observación”, explicó en entrevista conCrónica el doctor Roubik, quien ha colaborado en diferentes proyectos con el investigador mexicano Rogel Villanueva, de Ecosur, experto en abejas mayas meliponas o abejas sin aguijón funcional.
“Al inicio lo que encontramos en la competencia fue que las especies de abejas nativas que estudiamos se desplazaron para alimentarse con polen de plantas que no usaban las africanizadas, lo que significa que dividieron los recursos existentes. Esto es el beneficio de que hubiera muchas opciones. Sin embargo, con el paso del tiempo, algunos árboles como el zapote fueron tan visitadas por la abeja africanizada y la polinizó tanto que la población de ese árbol se hizo mucho mayor y entonces las volvieron a visitar las abejas nativas, aunque estuvieran las africanizadas”, añadió el investigador estadunidense que tiene como sede de trabajo Panamá.
Roubik explicó a los asistentes a la conferencia de Ecosur que la mayoría de las abejas nativas de la Península de Yucatán y Centroamérica mostraron flexibilidad y esto facilitó este ejemplo de mutualismo.

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