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Anselma Chalé Euan

Conocimiento ancestral en nuestros días

Por Jorge Alanis Zamorano

Xcunyá se ubica rumbo a Progreso, uno de tantos lugares en Yucatán donde podemos encontrar viva la tradición ancestral. Médicos tradicionales mayas reconocidos y tomados en cuenta como alternativa para curarse a través de la herbolaria. La señora Anselma Chalé Euán con 57 años se suma a la historia que aún no se pierde ni tampoco la confianza para sanarse.

Hasta donde contabiliza, ella es la quinta generación, sin embargo, tiene claro que quizás sea más, pero se aventura a contar el registro que su memoria le otorga.

Comenta que su conocimiento fue adquirido de sus abuelos y padres, pero ¿en qué se basa para otorgar la cura a sus pacientes? Ella nos cuenta “Cuando la gente llega le doy una consulta, me dicen su malestar, sus dolencias, por ejemplo, triglicéridos, colesterol o piedra en el riñón”. Señala con total seguridad que realiza un diagnóstico para después ir a buscar las plantas que requiere su paciente. Una vez que sabe con certeza el malestar y antes de recolectar las hojas o hierbas necesarias solicita permiso a las mismas, está segura y así lo manifiesta: “sé que yo lo doy, pero no soy yo la que cura”.

El respeto a los cuatro puntos cardinales

La señora Anselma tiene un altar donde cada día en la mañana saluda al sol en los cuatro puntos, a los vientos frescos y cálidos, a la madre tierra a quien le pide permiso y así le otorgue todas las propiedades para poder sanar a los enfermos.

Intercambio de conocimientos entre los que saben

“Durante aproximadamente tres años hicimos un intercambio de conocimientos entre médicos tradicionales”. Doña Anselma afirma que cada médico es un libro. Lo que yo sé, ellos también lo saben. De esta manera se reafirma e incrementa el saber de las plantas, para qué malestares sirven. Ella conoce poco más de ochenta médicos, aunque sabe que existen muchos más que viven en el monte y la gente va a buscarlos.

¿Cómo se identifican entre ustedes y no estar vertiendo información con un charlatán?

Un verdadero médico de años y años te va contando lo que hizo su abuelo, cómo lo hace, es parecido a cómo revisa y diagnostica a las personas, es lo que siente cuando la persona se acerca hacia él, la vibra tiene mucho que ver, la energía de la otra persona.

Los altares

Se hacen con cuatro grandes lajas cuadradas en cuatro puntos y otras cuatro sobre ellas. Ahora sé por qué mis abuelos lo hacían. Es la madre tierra, el corazón del cielo y más allá del universo.

Las generaciones y los que aprenden

“Mi nieta es la séptima generación y deseo que aprenda lo que yo hago. Veo que le gusta, le platica a su mamá lo que hago, cómo lo hago y va aprendiendo –se ríe y dice: ¡Quiere hacer limpias igual que yo! El conocimiento no es obligado, ahora me doy cuenta de que esto poco a poco se da, por ejemplo, mi hija la mayor ayuda a preparar las plantas y tiene el conocimiento, pero aún le falta; mi hijo que es de campo tiene más conocimiento del nombre de las plantas y qué curan; y mi otra hija también está en esto además de aprender sobre abejas meliponas, pero los que están aquí pienso que son los que se van a quedar con el conocimiento”.

El encuentro de lo tradicional con el conocimiento actual

Yo soy de dar los remedios en té. Cuando comencé no daba ni cremas, ni cápsulas, eran sólo las hojitas. Pero a raíz de los intercambios llegó mayor conocimiento y comencé con las pomadas y cápsulas.

¿Y respecto a la medicina alópata?

Yo trabajo con las dos, no pido que suspendan su medicamento recetado, quien lo deja definitivamente corre riesgo por su cuenta. Les digo tomen en horario diferente lo que les doy.

Aquí llegan para que les dé tratamiento por diarrea, granito en el ojo, hasta por cáncer, cirrosis, soriasis. Se está perdiendo el conocimiento que las plantas sanan. Mi abuelo y tíos que eran chamanes tostaban las plantitas, las molían y las daban para tomar, yo también así lo hago. Las plantas sanan porque están entre raíces.

Encuentro entre lo ancestral y lo moderno

María Rosalba Couoh Chalé, hija de doña Anselma, con 35 años que, junto a sus hermanos, son la sexta generación en recibir y practicar el conocimiento de su madre. Lo interesante es cómo se entrelazan los conocimientos ancestrales con los actuales incrementando las posibilidades para sus visitantes con opciones como cápsulas, pomadas, champús, jabones e infusiones. Nos cuenta: “De niña recuerdo a mi mamá utilizando la herbolaria para curarnos. A raíz de eso y de su enfermedad nos fuimos adentrando, pedía que nos acercáramos y aprendiéramos”.

Su madre quiere que sepan y enseñen a las generaciones futuras, que el conocimiento no se pierda, es parte de su cultura. Doña Anselma dice qué plantas y las cantidades y María Rosalba hace los jabones; ella y sus hermanos reciben la información con beneplácito, crecieron viendo la actividad de su madre y nunca fueron forzados, más bien, lo adquieren como parte de su vida diaria, por eso, hasta hoy día podemos tener la opción de acudir a ellas y mantener viva la tradición y nuestra cultura.

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