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Cebollita de Ixil rumbo a la extinción

Los horticultores de Ixil se muestran orgullosos de su cebollita, la defienden de todos aquellos que la quieren comparar con la cambray, y también de aquellos muy vivos que buscan registrarla como denominación de origen, pero fuera del municipio. “Que lo hagan”- dice don Pedro Yam, veterano en la siembra. Esta cebolla sólo se da aquí, el secreto es que se regale de generación en generación, desde nuestros abuelos hasta hoy es la misma semilla, ese es su secreto y al mismo tiempo su maldición. Algunos vivos se la quieren apropiar para registrarla como con la cochinita o algunos otros productos de Yucatán.  Se dice que la cebollita criolla de Ixil, fue traída por los españoles a Yucatán, fueron las condiciones del terreno y el agua las que le dan su sabor especial.

Por José Luis Preciado

El antropólogo ixileño, José Tec Poot, precisaba que esta cebollita fue el principal producto de la actividad agrícola de los cilantreros de Ixil, cuya época de cosecha va de abril a junio, mes que coincide con la fiesta del patrono San Bernabé Apóstol. Sin embargo, este año la buena fortuna no ha sido su compañera, enero fue brutal con la tromba que inundó todos sus plantíos. Llegaron apoyos del estado, pero la verdad muy raquíticos y temporales, luego el olvido. Tuvo que ingeniárselas para rescatar un poco y hoy en mayo están de cosecha. La verdad, las cosechas son cada vez menores, 600 kilos si acaso.

Productores como Jorge Humberto Aguilar Cua, de la Unidad San Rafael, admite que son muy pocos los que trabajan la tierra y aún menos los que cultivan la cebolla de Ixil, ocurre que es muy largo el periodo de espera, empieza el cultivo el dos de noviembre y hasta abril o mayo viene la cosecha con todos sus procesos, sus sequías y sus altísimos costos de luz y de trabajo. Con estos calores todo se cocina, incluso la cebollita, así que a la tierra le esparcen aserrín de madera, de esta forma la humedad se queda un poco más.

Esta Unidad de San Rafael tiene más de 40 socios, pero sólo tres o cuatro trabajan, el resto ya no acude. Allí en medio de las piedras Humberto no pierde la alegría, describe su labor como muy importante: «yo alimento a la gente, le damos de comer, aunque muchas veces nosotros ni probamos bocado en el día».

Aquí el dicho “juntos pero no revueltos” es un hecho. El campesinado local no es muy afín a unirse, jala sólo, prefiere diez pesos en la bolsa que cien en alianza, se ha vuelto desconfiado. «No es que la mula sea arisca».

Solos padre e hijo, Pedro Pablo Yam y Guillermo Julián Yam Ek, también salvaron los sembradìos de la tromba de enero y ahora empiezan a cosechar apenas unos cuantos kilos de cebollita, esperan que un señor de apellido Morelos les cumpla al pagar más de cien pesos el kilo.

Cada madrugada un grupo de mujeres aborda el transporte rumbo a Mérida, llevando atados de rabanal, cebollitas de Ixil y cilantro, aquí en el mercado Lucas de Gálvez y en la Casa del Pueblo, literalmente son asaltadas por los intermediarios que les rematan el producto y terminan pagando diez veces menos su valor de cultivo.

«Somos capaces de pagar por los caprichos, pero regateamos con los productores por un atado de cilantro».

La cebollita de Ixil, es un emblema de esta pequeña población, como lo es el barro de Ticul, la longaniza de Valladolid, la jícama de Maxcanú, el mamey de Akil o el cráter de Chicxulub.

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