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Desde el herradero escribo

Por Jorge Alanis Zamorano

Mucho se ha abordado sobre el herrar de los caballos. Aunque su historia no es exacta, en algunos textos podemos encontrar, por ejemplo, que las manoplas de esparto o hipo-sandalias eran sujetadas mediante correas y ofrecían cierta resistencia ante el desgaste que sufrían los caballos debido al excesivo roce con los diferentes tipos de terrenos por donde se trasladaban. Esta forma de protección no se utilizaba continuamente más que en casos extraordinarios o por complicaciones de heridas.

Ya en la Guerra de las Galias cuando Julio César fue a conquistar dichas tierras en el 52 A.C., el ejército del emperador romano notó que los caballos del bando contrario usaban herraduras, contando incluso con tres estilos: onduladas, rectangulares y orientales, con dos tipos de clavos: de clavija y de cabeza cuboide.

El gran papel y utilidad que el caballo jugó tanto en los combates como en otros escenarios de transporte hicieron del herrador un oficio importante, al punto de recibir distinciones poco comunes utilizados en aquellos tiempos tales como “conde de establo”, y así fue como se tornó en noble esta actividad, es decir, el Arte de Herrar, por lo que un caballero debía también recibir dichas enseñanzas.

¡Por cierto! A 20 minutos y al oriente de Mérida está el municipio de Tixpéhual, ahí encontramos al Ing. Agrónomo Miguel Pech, dedicado a fabricar herraduras, tradición que se resiste al olvido y actividad que debemos reconocer, ya que no es tan fácil encontrar herradores artesanales debido a que ahora es más accesible comprarlas y solicitar incluso la marca preferida. Miguel Pech creció en el campo, entre ganado, entre caballos y como hasta ahora, existía poca gente herradora, por lo que aprender, además de buen negocio, era una necesidad; mientras estudiaba, continuó como herrador y hoy, aunque es agrónomo, no ha parado su actividad.

¿Cuál ha sido su experiencia más satisfactoria en esta actividad?

Son muchas, pero una de las mejores es cuando me encuentro con caballos que no se dejan herrar porque los lastimaron al meterles mal el clavo, por lo que patean y muerden. Cuando trabajo con ellos y después de dos o tres herradas el animal se relaja, sabe que no hay maldad ni agresión. Un caballo agresivo y molesto es muy peligroso.

¿Qué tan solicitada es la herradura artesanal?

Aquí en el ambiente rural es muy bien aceptada, le llaman herradura tradicional o lisa. Las de marca se conocen como herraduras caladas porque llevan un canal que guarda el clavo completamente, pero en la Península de Yucatán hay mucha piedra lisa por las cuales el caballo corre el riesgo de caerse al derrapar. Las que fabrico tienen los clavos asomados y hasta cierto punto sirven como ramplones que evitan que el animal no resbale tan fácil, es por eso que a la gente le gusta esta herradura.

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