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Don Jacinto le canta a las flores

La gente buena, si se piensa un poco en ello, ha sido siempre gente alegre.
Ernest Hemingway.

Así se llama Jacinto Can Ek, el presume que es Jacinto Canek. Vive en medio de los más de cuatro mil metros cuadrados de jardines en el hotel Itzmaltún de Izamal Yucatán, siembra y cuida todas las plantas, conversa con ellas, les canta canciones, a cambio las flores y los árboles le devuelven el cariño con aromas y frutos, amén del verdor profundo y tupido follaje que presumen sus plantas.
Observador de todas las reacciones de la naturaleza, su inicio en la jardinería se lo ganó a pulso ante la señora Mercado, propietaria del hotel, quien hace muchos años, lo contrató en la vendimia de calabacitas tiernas en la zona del mercado de Izamal.

Debe tener más amigos sinceros que cualquier jefe de gobierno o artista famoso, es un contador de leyendas mayas, habla bonito de su querido Izamal y cuenta los grandes cambios de este primer pueblo mágico de México. Pero ante todo don Jacinto es un hombre pleno, feliz, alguien a quien sólo le basta su trabajo, salud, dar gracias a dios y manos a la obra, «nunca he faltado a mi trabajo, ni un sólo día».
De eterna sonrisa y rostro ajado por el tiempo, a don Jacinto, la vida simple lo ha hecho sabio.

Por José Luis Preciado

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