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“El Tigre”

“El Tigre”

Años a molienda que aún es fuerte

Por Jorge Alanis Zamorano

 

Se requiere de tiempo para que tus clientes te busquen y sepan que ahí en tu lugar, es donde no falla, no faltas pues siempre estás a la espera de trabajo.

El asunto en sí, es con la pepita, chile, el maíz, pimienta, achiote, chocolate, los granos que gustes mencionar, mismos que terminarán molidos y acomodándose en tu paladar para cumplir una misión: dejarte satisfecho y regocijante. IMG_20180508_140047149Lleno y felizmente regordete, cachetón o quizá sólo romper un poquito la dieta ¿Y por qué no? darte cuenta que estás en la Península, donde su gente no pierde la oportunidad de consentirse y casi casi embrujarte con sus exquisitos y famosos “recados”, guisos, recetas. ¿Te gustaría un buen papadzul, un brazo de reina o un chilmole?

“¡Ve al tigre y que te muelan esto!” Seguramente decía la abuelita y la mamá de la abuelita… Desde el original dueño han pasado dos más y actualmente se encuentra el cuarto. ¡Uuuuuuy! Acuérdate que el tiempo pasa y no perdona dijo nuestro gran filósofo, cantautor y héroe de mil caídas Juan Gabriel. Han pasado ya más de 100 años de “El Tigre”, ahí está su molino, sigiloso y peligrosamente paciente con sus piedras, motor, cinchos, poleas y una candela humeante para tostar lo que se ofrezca y pida el patrón.IMG_20180508_140726473

El señor Diego Alfonso Sosa Cerón quien actualmente es el propietario, resulta ser la cuarta generación de trabajo. La Semana Santa -nos cuenta- es de mucha faena y no se diga para “fieles difuntos” donde llegan clientes incluso, desde otros lugares.

-¿Existen otros molinos como éste? -Le pregunto-.

-No creo, debe ser el único aquí en el sureste.

-Y cuando se descompone ¿qué hace?

-Yo lo reparo, cambio las bandas, arreglo las piedras, engraso los mecanismos, mi padre me enseñó a repararlo. Me contesta ufano.

Nota curiosa: El dueño era don Carmen Carrillo y fue quien instaló todo. Cuenta con un pozo, en ese tiempo no había sistema de agua en casas y ranchos, la vendían en tambos. La persona tenía acuñadas sus propias monedas, por ejemplo cuando pagabas el agua el cambio estaba marcado con las letras JC de José Carrillo. Tenía su sello, cortaba la lámina y la sellaba. Relato que nos brindó el señor Diego Alfonso a partir de las pláticas que tuvo con su padre.

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