En la selva baja producen sombra

En la selva baja producen sombra

Kinchil y su preciado guano

Por Jorge Alanis Zamorano

Las casitas de paja, muy típicas en el área maya de la Península de Yucatán, han usado la palma de guano desde tiempos muy remotos. Actualmente es sinónimo de distinción en hoteles y residencias, y de verdad, qué bonitos y agradables lucen los entornos.

En un área de mil 69 hectáreas, ubicada al poniente del ejido de Kinchil, a la altura del kilómetro 24 y 26, campesinos están aprovechando esta planta, contando con los permisos de las autoridades correspondientes SEMARNAT con vigencia hasta el 2022.

Junto con los campesinos y el acompañamiento técnico del biólogo, Gabriel Tamayo Rivera, me aventuré a ver cómo aprovechan la hoja. Unidos y organizados “clarean” el área pues la espesura de la selva baja impide que el preciado sol llegue a la palma misma que en el futuro, protegerá a otros de los intensos rayos solares y por supuesto el calor. También en el lugar cuentan con una unidad de germoplasma forestal certificada donde pueden obtener semillas de calidad para utilizarlas en programas de reforestación.

Son aproximadamente 42 personas dedicadas al aprovechamiento de la palma de guano dependiendo muchas familias de esta actividad.

La utilización por tradición y estética. El guano se ha utilizado históricamente en las viviendas tradicionales y actualmente se vende para proyectos ecoturísticos, hoteles, restaurantes y para darle un toque especial en casas particulares. Se ha comercializado, por ejemplo, en Cozumel, sin embargo, hace falta realizar promoción del ejido para expandir su venta en el Estado y fuera del mismo para obtener mayores ingresos.

El precio. Es uno de los problemas que enfrentan los productores, debido a la competencia con otros productos como el zacate que se utiliza más en zonas turísticas, sin embargo, el guano es más resistente a las condiciones climáticas (25 años aproximados de vida útil). Al cortador se le paga $1.00 por palma de guano y el ejido o los que se dedican a la venta lo comercializan entre $1.80 hasta $2.00, los costos dependen de las personas que vienen ya que el flete encarece el precio final.

Buscan alternativas. Se está viendo la forma de tener mayor promoción para llegar a otro tipo de compradores. Desafortunadamente compiten con otros ejidos y productores que no tienen autorización de las autoridades, por eso en Kinchil es un poco más caro, por los permisos de aprovechamiento, el manejo realizado dentro del área de trabajo como las brechas corta fuego, podas, entre otras. Complementan su sostén con la apicultura.

Problemática. Poco a poco disminuye el número de productores; entre otras cosas el problema de la edad, el desplazamiento para llegar hasta el lugar y trabajar. Están tratando de involucrar a jóvenes hijos de ejidatarios para que trabajen con ellos y así mantener la actividad viva y por supuesto el área de aprovechamiento, sucede que puede cambiar el uso de suelo y perderse no sólo la actividad, sino las zonas de selva baja que aún quedan.

Para los intrépidos. Alternando con lo anterior, también realizan recorridos ecoturísticos donde los visitantes no sólo podrán saber de la actividad, además de conocer y estar en un “lugar inhóspito” ya que su flora y fauna (osos hormigueros, boa constrictor, chachalacas, pavos de monte, etc.) son ricas en variedad. Para los amantes de la naturaleza es una opción para enriquecer su acervo fotográfico y conocimiento de su Estado. Se trata de una selva baja caducifolia inundable, libre de ganado. Ubicado a 20 kilómetros de Celestún, colinda con la zona de la Reserva de la Ría. Es una zona de suma importancia para conservar una gran biodiversidad asociada -en este caso- al aprovechamiento de palma de guano.

 

Fotografías Jorge Alanis Zamorano

 

 

 

 

 

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