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Invertir en la naturaleza: clave para la recuperación pos-Covid-19

Por Leo Hieleman para El Universal

La década que apenas inicia llega con grandes desafíos para América Latina y el Caribe: más de medio millón de vidas perdidas a causa de la Covid-19, sistemas sanitarios colapsados, economías golpeadas y un retroceso de diez años en materia de desempleo.

La región aspira a recuperarse a partir de este año y en ese proceso se enfrenta a una disyuntiva: mantener viejos patrones de producción y consumo para estimular un acelerado —pero insostenible— crecimiento basado en el extractivismo, o aprovechar la coyuntura para sentar los cimientos de una economía verde que aproveche un rico capital natural mientras protege la biodiversidad y potencia la salud, el empleo y el bienestar a las personas.Esta oportunidad de transformar nuestra relación con la naturaleza coincide con el Decenio de la ONU para la Restauración de los Ecosistemas 2021-2030, una iniciativa mundial que nació en nuestra región, propuesta por el gobierno de El Salvador.

El Decenio busca impulsar la acción de gobiernos, empresas y ciudadanos para devolver la vida a millones de hectáreas y mitigar la triple crisis planetaria que enfrentamos: el cambio climático, la pérdida masiva de biodiversidad y la contaminación.

América Latina y el Caribe debe responder a este llamado con urgencia. La región alberga siete de los países más biodiversos del mundo y, aunque ya protege 24.2% de su área terrestre y 17.5% de sus mares, muchos de sus ecosistemas están degradados o bajo amenaza de destrucción inminente para abrir paso a actividades económicas.

La XXII reunión del Foro de Ministros de Medio Ambiente de América Latina y el Caribe, del 1 al 2 de febrero próximos, será un espacio óptimo para acelerar la acción. Se espera que en esta reunión los países adopten un plan regional, único en su tipo en el mundo, con diez acciones para impulsar la recuperación de ecosistemas terrestres, marinos y costeros en los próximos diez años.

Sin ecosistemas saludables no podríamos producir alimentos y medicinas, obtener agua dulce, regular el clima o limpiar nuestro aire. De hecho, ninguno de los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible puede lograrse sin un esfuerzo significativo para restaurar nuestro mundo natural.

La restauración de ecosistemas nos ayudará a recuperarnos mejor, crear negocios y empleos, ahorrar costos importantes en adaptación climática y prevenir futuras pandemias por enfermedades zoonóticas.

A nivel mundial, los beneficios económicos de las intervenciones de restauración son hasta 10 veces mayores que el tamaño de las inversiones requeridas. En cambio, la inacción nos puede resultar hasta tres veces más costosa.

Es hora de poner manos a la obra y devolver a nuestra región su esplendor original. Comencemos por aumentar la conciencia sobre la importancia de la biodiversidad, mejorar políticas y fondos públicos en favor de la restauración y apoyar la labor de nuestros científicos.

Nuestros países comparten biomas y paisajes clave como la vibrante Amazonía, la cordillera de los Andes, el Arrecife Mesoamericano o las infinitas llanuras del Gran Chaco. Solo a través de la cooperación podremos avanzar unidos en esta década de transformación.

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