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La pitahaya a exportación

La pitahaya a exportación

Una fruta exótica que gana mercado

Por Gabriela Pérez

El azul del cielo y los tonos verdes con ligeros pincelazos de colores blancos y rosas provenientes de las flores y los frutos de las plantas de la pitahaya formaban una espectacular vista, en Tixméhuac, justamente en el km 2 carretera a Kimbilá, se encuentra la Huerta San Miguel. Don Manuel Nic comenzó desde abajo, con cultivos pequeños, sembraba naranja dulce, sin embargo, él no se conformó, los precios eran frecuentemente bajos y no alcanzaba para seguir creciendo, por lo que apuesta de manera diferente, entrar a un mercado poco explorado. Estas son las historias que nos gustan contar en Revista Rural MX, cambiar las ideologías ¡Sí se puede salir adelante! Sí, se puede vivir del campo, no sólo sobrevivir. Dicen que todo aquello que se hace con el debido esfuerzo y dedicación tiene su recompensa, la constancia y la prudencia son dos importantes rasgos que debe de tener todo ser humano, así como también saber enfrentar el fracaso.
La agricultura local, es algo en ocasiones subvalorado. Muchos productores sólo pueden vender sus productos dentro del mercado local, lo que ocasiona que no ganen lo suficiente para salir y crecer. Pero la gente trabajadora, que quiere salir adelante, busca las oportunidades, y sobre, todo las crea.
Don Manuel Nic trabaja en la agricultura desde hacer más de 20 años, no se esperanza del apoyo, si llega bien y si no, hay que seguir avanzando, es un hombre de ideales muy firmes y creencias muy arraigadas, sin embargo, sabe que hay que adaptarse a la realidad actual si es que quiere crecer, y lo ha hecho, logró realizar la primera exportación a nivel nacional de pitahaya y actualmente se encuentra trabajando con guanábana. Su negocio es familiar, sus hijos y nietos trabajan a su lado. Tuvimos la oportunidad de platicar con su hijo Heber Nic acerca del complicado trabajo de exportar hacia Estados Unidos, las exigencias, los complejos procesos que deben seguirse al pie de la letra por sus empleados, quienes, durante la larga jornada, eligen las pitahayas más frescas y sabrosas, ellos, sólo con mirarlas saben si está lista, o si es adecuada para su comercialización, si no lo fuere, la bajan y la cortan a la mitad, para que las hambrientas hormigas vayan tras ella y no tras las frutas que pasan la prueba de calidad. Don Manuel deseaba salir adelante, pero tenía que esforzarse y ser de los mejores, de repente todo se alineó a su favor para que pueda exportar su producto, ya que breve tiempo atrás, Estados Unidos había abierto esa ventana. Ahora serán aproximadamente 30 mil toneladas que exportarán a nuestros vecinos del norte, la Sagarpa a través de Eudaldo Pereira, responsable de la sanidad en el Estado, asesoró al señor Manuel en su largo y difícil camino hacia la exportación.

¿Cómo incursionan en este camino?
Por necesidad, la naranja era muy barata y de hecho nuestras primeras plantaciones de pitahaya la pusimos en los naranjos, fueron sólo 80 árboles, la fuimos reproduciendo y vimos que sí era rentable, el primero fue el plantel de 2 hectáreas en Akil, pero por falta de experiencia en 5 años lo perdimos, y de ahí sacamos gajos para venir aquí a Tixméhuac y sembramos de nuevo, tuvimos que seguir, aprender de nuestros errores, después de las primeras 5 hectáreas llegamos a 20 y fue muy satisfactorio.

¿Qué ha sido lo más difícil?
Al principio tuvimos muchos problemas personales, malas experiencias, aunque el fracaso no está en nuestro vocabulario, varias veces tuvimos que volver a iniciar, don Manuel siempre ha sido constante, busca el dinero para invertir. Después, al arrancar y querernos expandir para exportar, una de las cosas más difíciles fue aprender a combatir las plagas y bacterias con base en las normas que marca Estados Unidos, nosotros no podemos descuidarnos, ni tomarnos tiempo, después de terminada la cosecha hay que seguir trabajando.

¿Es una labor constante?
Trabajamos los 365 días del año, desde las 6 am y salimos a las 3:00 pm si está tranquilo el trabajo, son 40 empleados en la planta de Tixméhuac, con descansos de media hora, uno a las 10, otro a las 12 cuando el sol está dándole batalla a los recolectores y si hay mucho trabajo tienen un breve descanso a las 3 y continúan hasta las 5 de la tarde.

Su papá inició hace muchos años con el negocio ¿usted cómo lo va aprendiendo?
Pues desde niño tenía que venir a recolectar, estudié para técnico agropecuario, presenté mi examen para médico veterinario pero no pasé y entonces me dediqué de lleno a esto. Con don Manuel no hay dos oportunidades. Para tener un negocio hay que empezar desde cero, aprender de todo. De hecho mis sobrinos y mis hijos para las vacaciones vienen, deben de aprenderlo porque es su patrimonio, claro, si quieren trabajarlo.

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