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Langosta

“Lo que dejó la oruga se lo comió el saltón;
Lo que dejó el saltón se lo comió el revoltón;
Y la langosta se comió lo que el revoltón había dejado.
Asoló mi vid y descortezó mi higuera;
Del todo la desnudó y derribó
Sus ramas quedaron blancas”

Joel, profeta hebreo en 835 A.C.

Por Alberto Banuet
ranchobuenavista@gmail.com

Corría el año 1989, gobernaba el Lic. Víctor Manzanilla Schaffer, el delegado de la entonces SARH (Secretaría de Agricultura y Recursos Hidráulicos) en Yucatán, el Dr. Uribe, declara a los medios que no había que combatir a la langosta que nos azotaba, que la situación ameritaba trato distinto y que su recomendación era que los campesinos aprendieran a comerla. Al poco tiempo fue removido de su cargo.
La situación era realmente apremiante, la langosta estaba fuera de control, no sólo aquí, en varias partes del mundo. África, para no variar, era una región fuertemente golpeada por este insecto, que se conociera alguna vez como la octava plaga de las diez calamidades que Dios infligió a los egipcios para que el faraón dejara partir a los hebreos de Egipto.
Manga de más de 20 Km reportaba el Excélsior a nivel nacional. La preocupación crecía. Llegaron los helicópteros fumigadores junto con toneladas de insecticida. Había grillos por todas partes, pero también tenía el Estado a uno de los más grandes expertos mundiales en el combate de esta plaga y sí, trabajaba -y aún lo hace-, en la Secretaría de Agricultura.
El Ing. Eudaldo Pereira Cuevas, agrónomo especialista en parasitología agrícola, preparaba sus maletas para irse al África, invitado por la ONU a combatir langostas, mientras aquí no se sabía qué hacer con ellas. Desde luego, el viaje se canceló. Se nombró al Ing. Pereira como responsable del programa de emergencia en el combate del insecto y en unas cuantas semanas, con el apoyo de la entonces SARH, el problema se controló.
Los daños fueron cuantiosos. Los maiceros, citricultores y ganaderos en verdad se vieron golpeados por la falta de atención oportuna al combate de la proliferación de la plaga. Se diseñaron programas especiales de apoyo para los productores y el Secretario de Agricultura de aquella época, el Lic. Jorge de la Vega, visitó el Estado varias veces y recibía un reporte diario de los avances del programa.
Toda proporción guardada. Hoy tenemos de nuevo el problema y lo tenemos de forma visible, todos los días vemos mangas en distintas partes de Yucatán porque no se combatió a tiempo en su estado saltón, lo que sugiere que el Comité de Sanidad Vegetal no está cumpliendo su responsabilidad y el Gobierno del Estado tampoco está poniendo atención al problema, mucho menos, informando qué es lo que pretenden hacer al respecto.
Con la langosta no se juega. Hay mucho que perder si no se atiende profesionalmente. Su combate requiere muchas cosas, principalmente, conocerla y tener experiencia en el tema, y en Yucatán tenemos todo para hacerlo, solo falta hacerlo.
El año se prevé difícil en todos sentidos, sería criminal si además de tener que sortear los efectos de crisis externas, todavía los productores yucatecos tuviéramos que sufrir las consecuencias de la negligencia oficial.
Este es un llamado a tiempo.

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