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Lo que la imagen cuenta, el último gesto de un pirul

Por Bruno Barreto


Todos los demás árboles corrieron a refugiarse bajo la lluvia, este pirul no alcanzó el beneficio de la frescura, sin misericordia el sol lo abrazó hasta quitarle la última gota de savia, sus raíces no lograron llegar hasta el manto freático para salvarlo, se cortó el abasto, comenzó el declive, el suelo se convirtió en cama. El leñador le pasó encima muchas veces, pero no le sirve al dios fuego, ese mismo que calienta las tortillas y el alimento, que devora bosques y vidas.

Apenas lo vi tirado en los montes del Palmar, supe que allí estaba retratada la imagen del dolor de la espera, se le ve extender las ramas suplicantes; han de saber ustedes que los árboles se mueven, no solo agitan las ramas, se agachan a besar la tierra, excavan profundo y envían a sus raíces más jóvenes, como si fueran popotes, a buscar agua.

A este pirul, el tiempo le fue cercenando la movilidad, uno de sus últimos besos al suelo lo quebró, ya no fue posible tanta humillación. El último gesto fue una mirada al cielo. Hoy es refugio temporal de insectos y roedores. Aquí no aplicó aquello que reza, “de árbol caído todos hacen leña”. Lo dice una canción, “eres como leña de pirul, que no sirve ni pa’ arder, con tanto humo, solo sirve para hacer llorar…

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