Share on facebook
Facebook
Share on twitter
Twitter

Mitos y realidades de la repoblación bovina

Mitos y realidades de la repoblación bovina
Sin la menor duda la intención es buena y urgente dadas las condiciones del mercado de la carne de res y sus fantásticas perspectivas a futuro.
Programa necesario porque de las miles de hectáreas que tenemos en Yucatán dedicadas a la ganadería, sólo una fracción podría dedicarse a la agricultura o silvicultura.
Una idea bien pensada por el estupendo estatus sanitario que tiene el Estado y que nos permite exportar a cualquier parte del mundo. Pero como siempre, hay un eslabón en la cadena que se rompe y no permite que las cosas, por bien intencionadas, pensadas y necesarias que sean, culmine exitosamente.
Por Alberto Banuet A.
ranchobuenavista@gmail.com
De inicio nos vendría muy bien saber a ciencia cierta cuántas reses tenemos en Yucatán o al menos, cuántas vacas hay, saber en qué condiciones productivas se encuentran sería un exceso, pero al menos el número sería un buen principio.
Aunque parece un tema menor no lo es porque no podemos planear nada si no sabemos de dónde partimos. INEGI tiene un número completamente distinto al de SAGARPA, institución que se basa en la cantidad de aretes que se han regalado/vendido con varios objetivos, entre ellos principalmente la trazabilidad, pero también para tener información.
Aunque nadie se atreve a dar una cifra oficial por escrito, sabemos que el número de SAGARPA es incorrecto si nos basamos en los aretes, simple y sencillamente porque los ganaderos no dan de baja a los animales que venden en trato privado, subasta, rastro o simplemente porque mueren, de ahí que teóricamente hay más animales de los que realmente tenemos.
Solo para tener una idea, el último registro del SIAP (Sistema de Información Agroalimentaria y Pesquera) que depende de SAGARPA establece que teníamos 553,509 bovinos de carne en Yucatán en el año 2014, esto incluye, becerros, toros, novillos, etc.

Después de todo este análisis falta algo importante, la deshonestidad rampante en nuestra cultura mexicana, me explico:

Una vez que alguien está en el programa de repoblación del hato y haya cumplido con la inspección del rancho para verificar que tenga pastura, agua, buenas instalaciones, etcétera lógicamente tiene que comprar hembras en edad reproductiva, preferentemente gestantes, asunto verdaderamente difícil porque simple y llanamente no hay. El programa establece que: sean de un solo fierro; que el oferente tenga su hato libre de brucella y tuberculosis; que ambos, proveedor y comprador estén al día en el pago de sus impuestos; que tengan certificación de salud, vacunación y demás, hasta ahí estamos más o menos bien, laborioso pero sensato. Ahora viene el tema de la compra en las
condiciones que el programa establece y aquí es donde “la mula tumbó a Genaro”

No existen o cuando menos no están a la venta, pero como es impensable dejar escapar el recurso, aparece el ganado virtual y se le pide al compadre, vecino, primo o amigo que le facture las inexistentes novillonas o que le facilite algunas de las que tiene.
Como es natural, hay que hacer una inspección del ganado, tomar fotos, etcétera, hay flexibilidad y qué bueno, no importa que no sean de un solo fierro, tampoco que no tengan la edad que se pretende y mucho menos que están gestantes y hasta aquí concuerdo porque la verdad es que el programa que se diseñó fue con la sanísima intención de que nadie pudiera cumplirlo, pero al final del día la idea es que se repoble, no que se traspase ganado de un rancho a otro… pero una cosa es flexibilidad y otra muy distinta la deshonestidad.
Es tan grande la corrupción institucional y civil, que hoy siguen cobrando el PROGAN personas que hace tiempo no tienen una sola cabeza de ganado en sus predios o que ya los vendieron, es tan amplio el programa lechero, que hay personas que no sólo no tienen vacas lecheras, jamás le han jalado una teta a una de ellas y sin embargo recibirán apoyos.
Hace unos días terminamos un ciclo de conferencias extraordinarias sobre el ganado Simmental / Fleckvieh y una de las conclusiones fue que para que esto progrese, para que la ganadería de México crezca es fundamental que el valor humano esté por arriba del valor del ganado y si eso no sucede, difícilmente repoblemos nuestros hatos.

Share on facebook
Facebook
Share on twitter
Twitter

Deja un comentario

Diseño web por