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Mostrar al mundo la nuez de ramón

Nueve mujeres luchan desde Quintana Roo por mostrar al mundo la nuez de ramón

Según la tradición, la nuez o semilla de ramón ya se usaba en la época precolombina, pero como su uso cayó en el olvido, una cooperativa de mujeres de Quintana Roo, en el sureste de México, pretende darla a conocer al mundo.
Fuente: Inforural

El ramón “es un árbol que puede alcanzar los 20 metros y que crece aquí en la selva” yucateca, cuyas propiedades nutrientes son interminables, explica a Efe Victoria Gómez, la más veterana integrante de la cooperativa Selva Viva 3G, que tiene su residencia en la pequeña comunidad de Tres Garantías, en el sureste de la península de Yucatán.

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Estas mujeres, que van de los 28 a los 70 años, han aprovechado la visita de la Ruta BBVA a su población para mostrar los productos que elaboran a partir de la semilla de ramón (horchata, té de hoja y de semilla, galletitas) y venderlos a los expedicionarios.
No obtienen mucho dinero. Por ahora, comenta Felipa Chávez, otra de las mayores del colectivo, los ingresos de entre 7.000 y 12.000 pesos (entre 350 y 600 euros) que obtienen por toda la producción solo “agarra para los gastos” que hay y aún no “hay reparto” de beneficios. Aun así, le ponen todas las ganas a este emprendimiento.
Cristina Rodríguez, que a sus 40 años ya es abuela, sonríe cuando explica que está “muy entusiasmada” al ver cómo la empresa sale adelante, cinco años después de ver la luz.
Entre los problemas que tuvieron al dar los primeros pasos estuvo la incomprensión por parte de sus maridos y de buena parte de la comunidad, pero eso, aseguran todas a Efe, ya ha desaparecido.
“Esto conlleva que una esté fuera de casa. Hay esposo, hay hijos, había unos problemillas, pero ahora cuento con el apoyo de todos e incluso mis niñas dicen: ‘cuando sea grande quiero ser como tú’”, exclama orgullosa Cristina.
Victoria, que tiene bisnietos, comenta con una enorme sonrisa que al principio nadie creía en ellas, pero que sacaron adelante el proyecto por ser “tercas”. “Todos los señores nos felicitan, que estamos unidas, que le estamos echando ganas, nuestros esposos, nuestros hijos, todos”, asevera.
Ella fue la “cabecilla” de esta revolución de mujeres en una comunidad dedicada a la producción de chicle artesanal y al trabajo de la madera. A partir de un curso de capacitación en el que participaron más de 20 -aunque la cooperativa se redujo a solo nueve-, empezaron a sacar adelante los productos.
Tras recolectar la semilla de ramón, algo que ahora encargan a jóvenes locales para evitar su éxodo de la comunidad, deben deshidratarla antes de tostarla y molerla, un proceso que dura aproximadamente un mes.
“Tiene necesariamente que agarrar el sol para que tenga un sabor especial”, comenta Felipa.
Al comienzo, este proceso era manual pero gracias a la ayuda de la asociación ecologista Reforestamos México y de la empresa estadounidense Walmart, que hizo una donación, pudieron comprar la maquinaria necesaria para moler y empaquetar tanto la harina como el resto de productos elaborados.
Cristina explica que entre las propiedades de la semilla de ramón están el aporte de calcio, ácido fólico y vitaminas B1, B2 y B6 y que por eso se esmeran en hacer productos no solo saludables, sino también “sabrosos”.
En concreto, el té de semilla de ramón tiene sabor a café “pero este es orgánico, sin cafeína y aporta mucho; el café no te provee nada”, argumenta. Además, “es relajante porque tiene triptófano”, como añade Felipa.
“Si uno toma el café para acostarse duerme tan tranquilo, se siente feliz y se levanta con energía. La horchata también tiene mucha energía”, insiste.
Victoria agrega que la infusión que preparan con hoja de ramón mejora las vías respiratorias y que la harina con la que preparan galletas y “todo tipo de repostería” contiene 18 propiedades.
En esta pequeña familia que han creado estas nueve socias, todas se apoyan en los momentos más difíciles y participan solidariamente de las tareas de la cooperativa: desde la deshidratación hasta la venta en ferias.
El sueño, como ya se ha cumplido con el chicle artesanal en la zona, es “exportar en grande”, pide Felipa. Y mientras ese deseo se convierte en realidad, estas nueve mujeres exhiben sus productos en un pequeño puestito desde el que pretenden dar a conocer al mundo la nuez de ramón.

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