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Mujer del mar: “Nada cae del cielo”

Red Concreta orgullosa por mujeres como Mary Martínez, quienes buscan emprendedoras como ella.

Mary Martínez es una mujer sumamente sencilla, amable y con una historia inspiradora. Empuja y saca el carácter para salir adelante cuantas veces sea necesario. Nos comparte que el esfuerzo de su padre además de trabajar en la pesca fue el de hacerla de mamá también, ya que su madre sufría de epilepsia “…en aquellos tiempos no había tantos adelantos para atender la enfermedad, así que mi papá nos enviaba a la escuela mientras se iba a pescar y cuando regresábamos ya teníamos alimento preparado por él…”. Bajo estas circunstancias la señora Mary se une al esfuerzo de su padre y decide dejar el quinto año de primaria. Ella es la tercera de cuatro hermanos. Pasados los años y ya casada comienza con su compañero de vida a organizarse con los pescadores de Sisal y logran avanzar y a ver los frutos del esfuerzo, al final se divorcia dedicándose a otras cosas como la venta de comida, pero ella es del mar, y sabe que es su futuro pues, gracias a su padre y a su abuelo, sabe lo que es la pesca. Reinicia y se encuentra ahora con un hombre que sabe comprenderla, además la confianza la acompaña y sobre todo cree en lo que hace…

¿Cómo inicia en la pesca?
Llego al sector pesquero hace 27 años, empezamos a trabajar con poquitas lanchas. He fundado dos cooperativas, la última de ellas es la Unidad de Pescadores Indígenas y Campesinos de Sisal en donde soy una de los representantes legales. Me costó más trabajo llegar hasta donde estoy, pero gracias a que he formado relaciones con muchas personas, se me ha facilitado el camino.

¿Ha sido más difícil adentrarse en este ámbito pesquero al ser mujer?
Al principio sí, porque la mayoría de los que están en eso son varones, pero ahora ya no, ya estoy en el gremio, la gente me respeta, el trato es directamente con los pescadores.

Y sus amigas, ¿cómo ven esta transformación? Primero, por ser una mujer involucrada en una cultura que mayormente es para hombres y segundo, porque dejó una pareja y ahora está con otra. ¿Cómo la ven? ¿Se acercan a pedirle consejos?
Hay gente que reconoce lo que hago, la mayoría dice que soy una mujer emprendedora, trabajadora, es lo que la gente de mi localidad me ha expresado. Nada cae del cielo, uno tiene que levantarse siempre; mi pareja actual y yo somos de las personas que nos levantamos al amanecer; sabemos que hay que trabajar, hay una meta por delante y hasta no llegar a ella no podemos decir «ya cumplí». Mis amigas se acercan. A muchas mujeres he inducido a que tienen que trabajar, porque creen que el único que tiene que dar sustento es el marido. Yo les digo que en la época que estamos, no solo le compete al marido, las mujeres tienen que trabajar y ayudar al esposo porque no alcanza. Ahora hay mujeres dinámicas, emprendedoras.

¿Qué le dicen sus hijos?
Tengo puro varoncito. Les pregunto cómo se sienten y cómo me ven y me dicen que se sienten orgullosos, porque de mi antigua cooperativa no me quedó nada, en la segunda tuve que empezar desde muy abajo, batallar y estar tocando puertas; ahora es muy difícil que la gente te dé algo, tienes que tener dinero, algo firmado o de garantía . Mi hijo es lo que ve y dice que soy muy persistente, que vamos subiendo y no nos damos por vencidos.

Usted se ha ganado la confianza y la imagen de ser una persona a la que le dan préstamos casi sin firmar nada y usted paga.
Así es, José Luis Hernández, todo un caballero, un mecánico muy reconocido de Mérida, me dio toda su confianza. Él vende motores revestidos, él los encamisa, los anilla, todo… Esos motores cuestan como 38 mil pesos, y para mí se me hacía una eternidad, decía que no iba a poder. Pero una amiga que tiene una empacadora de pescado me dio un motor y una lancha prestada para un permiso que estaba tramitando de pepino y tenía que tramitar una compraventa; el muchacho me entregó todos los papeles para que pudiera tramitar mi permiso, con eso fuimos trabajando y logramos hacer dinero, juntamos como 11 mil pesos y con eso fui a preguntarle a don Luis si me aceptaba ese dinero para comprar mi primer motor, pero como ya me conocía desde mi primer cooperativa, sin dudarlo, me dijo que no había problema y me lo dio. Nunca voy a olvidarlo, es la primera puerta que se abrió para nosotros. De ahí se detonó todo, vino el segundo, el tercero y el cuarto… En el cuarto o quinto motor, me lo dejó sin enganche. Y hasta el día de hoy, nunca le hemos quedado a deber nada.

Doña Mary, si voltea hacia atrás en su historia, ¿cuál es la situación que recuerda más difícil, pero que a la vez la ayudó a impulsarse?
El reto que me da la vida de que no hay empleo alguno. Yo me había dedicado a la comida, pero solo reditúa en temporadas altas. Todas esas cosas me están empujando a entrar otra vez al sector pesquero y cuando vuelva, lo haré con más fuerza.

Y de hoy para el día de mañana, ¿qué le dice Sisal?
Me dice que siga adelante, que siga subiendo. Sueño con tener un centro de acopio, ser una cooperativa un poco más formal.

¿Qué le puede decir a las mujeres que necesitan un aliciente y quieren tirar la toalla?
Que no la tiren, que miren hacia adelante y sigan avanzando, que trabajen. Que al contrario, trabajar es bueno, porque significa seguridad para ti y para tu familia.

Comentaba que su mamá estaba enferma.
Así es. Mi mamá era epiléptica. Cuando cursaba mi quinto año, a pesar que tenía buenas calificaciones, no lo terminé, porque mi mamá no estaba controlada todavía, a veces le daban sus ataques tres o cuatro veces al día y por eso no podía levantarse, tenía que estar amarrada en la hamaca para que no se caiga. Nosotros nos íbamos a la escuela temprano; mi papá ya se había levantado para prepararnos el desayuno y adelantar un poco la comida. Pero ya no quise seguir estudiando, porque sentía que era mucho peso para mi papá. A la edad de 13 años me dediqué a atender la casa. Una vecina que teníamos me enseñó muchas cosas.
Empecé a tomar las riendas de la casa y luego empezaron a controlar a mi mamá, la empezaron a atender y todo fue un poquito más esporádico.

Es un ejemplo para muchas mujeres y también para muchos hombres. ¿Algún comentario o pensamiento que quiera compartir con nuestros lectores, su filosofía de vida?
A mis hijos siempre les he inculcado, basada en mi niñez y todo lo que he vivido, que cometemos muchos errores. Yo no quiero que mis hijos sufran lo que yo, pero también necesitamos dejarlos cometer sus propios errores, para que ellos lo valoren.
Diría que esos papás que están muy separados de sus hijos, se acerquen a ellos. Y los hijos también, no deben buscar salidas fáciles; los que tengan la oportunidad de estudiar, que estudien, los que tienen la oportunidad de vivir la vida como se debe, que lo hagan.

¿Cuánto falta para que usted se consolide? ¿Cuántas etapas le faltan?
Todavía falta. Estamos en la segunda etapa. La vida tiene tres secuencias: primero gateamos, luego caminamos y después corremos. Estamos en la parte media, ya aprendimos a caminar, pero todavía nos falta correr.

Por Jorge Alanis Zamorano

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