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Ocaso de una vida

Por: Diego Ramos Marín

Hoy más que nunca sentimos que el tiempo pasa muy rápido, el ajetreo de la grandes ciudades y la rutina diaria nos desconectan de los momentos importantes y nos perdemos capitalizando nuestra vida; pero, esto no pasa en los pueblos o comunidades pequeñas, allí parece que el tiempo se detiene, que aunque la vida nos alcance y pronto nos veamos reflejados en el espejo de la vejez, aún hay fuerzas, aún hay tiempo de vivir, de disfrutar y de poner atención en las cosas que no son tangibles, pero que permanecen en el corazón por siempre.

Eso sentí aquella tarde, cuando vi a aquellos viejitos que desfilaban con su triciclo, que sin prisas iban a su destino, que con felicidad disfrutaban del ocaso de la vida.

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