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Por un plato de frijoles

La historia del vigía de las alubias

Por José Luis Preciado

Don Miguel le declaró la guerra frontal a su enemigo público número uno; un conejo que se está comiendo su frijol jamapa, así que dispuesto a dar batalla se instaló encima de una piedra que le sirve de atalaya y se dice dispuesto a esperar a que salga del monte o brote de la tierra, quien quiera que sea el plagoso que le quiere arrebatar su comida y la de su familia.
Así que buscamos no distraerlo mucho de esas miradas de alerta que lanzaba a diestra y siniestra. Cazar al o los intrusos se ha convertido en obsesión, tanto así que sin conocerlos, lanza maldiciones al viento: “No me dejarás sin tragar, dale, dale que te estoy esperando” y algunos otros retos.
Nadie le hace la segunda, ni ruidos. Si acaso una o dos iguanas que se atraviesan por el sembrado y corren asustadas ante la pedrea recepción. Pero el enemigo no aparece, sino hasta la noche y cobijado por las sombras.
¿Será acaso un conejo, tan conocedor de manjares frescos, ese que disfruta de una ensalada César de hojas de frijol?..
Don Miguel, lo trae como obsesión. “Por culpa de ese roedor o plaga, he tenido que dejar de ver mi telenovela de las 9 de la noche. El duelo está anunciado y uno será el ganador.”
La familia de don Miguel espera un conejo a las brasas o la familia del conejo seguirá cenando ensaladas orgánicas. Ambos tienen el mismo derecho; Roger Rabbit y Don Miguel pertenecen a este ecosistema. Igual y terminan empatados y cada quien se come lo que puede, mientras Don Miguel coseche lo que alcance.
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