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Rumbo al 2021 un presupuesto progresista para el agro

MARCO ANTONIO ORTIZ SALAS. EL HERALDO DE MÉXICO.

Ya no solo se trata de la desigualdad, la pobreza o del decrecimiento económico, ahora también enfrentaremos las consecuencias de una política económica fallida

El modelo neoliberal, por su propia naturaleza desmantela año con año la política agropecuaria y pesquera de nuestro país, y si de por sí ya es desastroso para el campo sobrevivir a la crudeza de los recortes presupuestales, este 2020 habrá que añadir un nuevo problema de consecuencias aún más graves: la pandemia.

Ya no solo se trata de la desigualdad, la pobreza o del decrecimiento económico, ahora también enfrentaremos las consecuencias de una política económica fallida que ha demostrado ser ineficiente y que lamentablemente habrá de resentirse más por el impacto que el Covid-19 tendrá sobre el PIB.

La entrega del proyecto de Presupuesto de Egresos de la Federación 2021 por parte de la SHCP a la Cámara de Diputados viene acompañada del discurso acostumbrado y decimonónico de “atender” a los sectores vulnerables. Sin embargo, para el campo mexicano no hay novedad alguna, el Gobierno de López Obrador continuará priorizando los programas clave de su gobierno, a pesar de los escasos resultados, así como los megaproyectos como el Tren Maya o el Aeropuerto Felipe Ángeles; el campo mexicano sigue destinado al abandono y con una nueva disminución de los recursos al sector.

Las organizaciones campesinas hemos realizado diversos análisis acerca de la elaboración del presupuesto de egresos desde hace dos décadas, particularmente porque en el tiempo que gobernaba Vicente Fox, el gobierno federal alentó la creación de cientos de organizaciones campesinas de membrete, cuyo objetivo principal era la obtención de recursos del erario en las que imperaba la opacidad en el manejo así como la complicidad de funcionarios de las dependencias ligadas al sector. Nuestra participación dese ese entonces ha sido bajo una consigna clara: no se requiere mayor presupuesto para el campo, lo que se requiere es una reorientación de ese presupuesto. De manera puntual optamos por la revisión del proyecto en aras de que se diseñara y planificara una política pública acorde a la realidad del campo y no sobre las ocurrencias de Fox o de Calderón. Eso en el tiempo del panismo; con Peña Nieto, aunque las condiciones se tornaban todavía más complicadas dado que se regresaba al viejo sistema, encaminábamos nuestros esfuerzos a lo mismo: una reforma para el campo en la que se diera prioridad al pequeño productor campesino e indígena y no con apoyos paternalistas ajenos al desarrollo.

Hoy con el gobierno de la Cuarta Trasnformación, no solo se requiere la reorientación del presupuesto, empecemos por reconocer que el recurso destinado para el campo (considerando que vamos para el tercer recorte consecutivo) responde a la concepción sobre el papel del estado capitalista respecto a la economía en la que el desarrollo rural se desvincula claramente de la distribución del ingreso. ¡Vaya con la nueva generación de neoliberales rapaces acompañados de los nuevos tecnócratas disfrazados de izquierda, empecinados en hacernos creer que eficientar el gasto es crear programas de transferencia directa a la pobreza del campesino y del indígena!

Por esta razón hay que adoptar medidas urgentes para hacernos presentes y participar en las discusiones sobre el PEF 2021. Tenemos que insistir en que la alternativa para la reactivación económica es mirar hacia el campo y fortalecer al sector, la tarea es expresar nuestras experiencias y reflexionar sobre los resultados del presupuesto 2020 en un ejercicio que necesariamente tendría que realizarse de manera conjunta con los diputados federales quienes serán parte de la discusión. Nuestra obligación como movimiento campesino es impulsar y sostener por qué se requiere dar un giro radical y pelear por un presupuesto progresista para este sector. Con los legisladores, más allá del grupo parlamentario al que pertenezcan, se puede construir una ruta que logre los mejores acuerdos para beneficiar al campo. Ojalá sea bajo una clara consigna: el modelo actual y la pandemia significan más pobreza y rezago rural, erradicarlo en este tiempo de crisis mundial no es más que un acto patriótico.

PD. La calumnia cuando no mancha tizna. La edición 2288 del Semanario Proceso indigna al movimiento campesino por faltar a la verdad de manera sumamente vulgar. En un reportaje titulado “Sosa Castelán, El ejidatario” suscrito por la corresponsal en Baja California, Jesusa Cervantes, se hace una serie de señalamientos que sugieren actos fuera del marco de la ley que tratan de desvirtuar una lucha de hace años por la defensa de ejidatarios que tuvieron la valentía de enfrentarse al poderío económico.Esos señalamientos pretenden generar en la opinión pública un concepto negativo de la lucha agraria en el Estado, tratando de denunciar supuestos actos de corrupción y vincularlos a un convenio entre universidades (la UABC y la UAEH) con el caso que investiga la FGR sobre Gerardo Sosa. El prestigio y el espíritu de lucha de la CODUC nunca se han doblegado ante ningún gobierno, tampoco sucumben al dolo y la mala fe de una publicación. Con claridad les decimos: pierden su tiempo quiénes nos calumnian y al mismo tiempo nos cuestionamos: ¿en qué momento dejó Proceso de ser lo que Don Julio Scherer anheló y construyó?

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