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Voces del campo

Entre la esperanza y el abandono

Para saber como viven los productores del campo, sólo basta con ir a platicar con ellos, visitarlos allí mismo en sus tierras, sentarse sobre una piedra o un tronco y escuchar su experiencia. Dice un refrán: “No hay peor ciego que el que no quiere ver”.

Sembrando y caminando…
¡Pa’ no perder tiempo mijo!
Por: Jorge Alanis

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Don José Eduardo trabaja su tierra desde hace más de 30 años y con uno de sus dos hijos mantiene firme la convicción de que se puede vivir y obtener ganancias.
Allá en Muna, Yucatán, se realizaron trabajos enfocados a proporcionar a los productores un camino saca-cosechas y don José en su moto, ya puede acercarse a su lugar de trabajo en menos de la mitad de tiempo.
Con buenos ojos y entusiasmo nos platica lo que representa en su papel de productor esta realidad “…la verdad llevábamos más de 15 años de gestión para los caminos saca-cosechas y ahora ya puedo llegar a mi tierra en cuarto de hora cuando antes era en media hora…”
Esmerado en la plática nos comenta: “¡Son cuarenta mecates de cacahuate los que trabajo y esta semana comienzo a cosecharlo!…” Su jornada inicia a las cinco de la mañana y hasta la una de la tarde hace pausa y regresa para terminar a las cuatro de la tarde, nos comenta “…Vengo a mi extra. Trabajo de lunes a sábado y el domingo la verdad no vengo porque tengo un ranchito que atender…”
Con orgullo nos muestra los frutos de su trabajo, sus botas, su motocicleta y la marca que el sol ha dejado en su rostro, nos enseñó con ejemplo que siempre que se quiere, se trabaja y lo poco o mucho que se presente en el camino, significa más de lo que podemos imaginar.
¿Cuándo descansan estas personas? Porque con don José Eduardo cuando no siembra cacahuate, cultiva otra cosa, el asunto es que no para, no detiene su mirada en un solo punto. Lo observamos entusiasmado y sin complejos, lo que le sirve lo recibe y hace lo que tiene que hacer y sabemos que así es nuestra gente.

Cada cabeza es un mundo y cada historia una forma de vida
“¡Estamos bien jodidos!”

Don Juan Herrera Ordoñez tiene una mirada profunda, casi triste y con un dejo de preocupación, sus palabras suenan desalentadas, él es productor de maíz, hortalizas, calabaza, pepino y cítricos. “Desastre en el campo, todo está caro, ahora sólo con el crédito que nos da el que nos compra el elote estamos trabajando, la semilla nosotros la plantamos, cuando diga 2-3 meses vas, te lo quiebran y después ¡jala! alcanzamos 2 mil o 3 mil pesos por 10 mil/15 mil elotes. ¡Estamos bien jodidos!”
Don Juan se siente abandonado por el gobierno, rezagado por la sociedad a la que le cosecha su alimento, le exige a su gobierno pero a su parecer su demanda no es escuchada “Que nos eche la mano el gobierno, aquí en Muna no tenemos PROCEDE y por ello no dan el apoyo, los trámites tiene que ser con una sociedad y ni eso, aunque quieres trabajar mucho, no se puede”.
El productor reflexiona un momento, su mirada se pierde hacia el campo sin sembrar. “El sistema de riego de cintillo sí ya nos lo dieron, y esta vez nos vinieron a proponer 50 hectáreas, te dan dos rollos para una hectárea y lo otro ¿dónde lo vamos agarrar? Ahora está a 3 mil/4 mil un rollo de cinta, para completar una hectárea tiene que ser unos 12 mil pesos, a veces tenemos que agarrar los rollos de cinta viejos para completarlos y en ocasiones ahí pierdes tu cosecha porque no gotea bien”. Concluye serio pero esperanzado de que su voz sea escuchada, que llegue hasta aquellas Secretarías encargadas de tenderles la mano a ellos… las voces del campo.

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