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Bosques Transformados ¿cómo responden las especies a los cambios?

La agricultura, la urbanización y la minería han causado la pérdida de bosques en todo el mundo. Amplias zonas de bosque son transformadas para desarrollar estas actividades humanas, lo que modifica la estructura de los paisajes terrestres.

En ecología definen el paisaje como un pedazo de territorio con una estructura espacial particular. En el Laboratorio de Ecología de Paisajes Fragmentados, del Instituto de Investigaciones en Ecosistemas y Sustentabilidad (IIES) de la UNAM, estudian cómo responden las especies a los cambios en la estructura del paisaje para identificar los escenarios de paisaje que pueden ser considerados amigables con la biodiversidad.

La estructura del paisaje se define por dos aspectos: su composición y su configuración espacial. El primero detalla de qué está compuesto, qué tipos de cobertura lo integra y en qué cantidad. Por ejemplo, qué proporción del paisaje está ocupado por bosque, la presencia y extensión de asentamientos humanos o cultivos, cuerpos de agua o carreteras.

La configuración espacial, por su parte, nos indica cómo está conformado ese paisaje. Pensando en un bosque, por ejemplo, puede estar distribuido en muchos fragmentos pequeños, o en pocos fragmentos grandes; además, éstos pueden estar muy aislados y tener diferentes formas, es decir, ser redondos, cuadrados o presentar formas muy irregulares.

El doctor Víctor Arroyo Rodríguez, responsable de dicho laboratorio, explica que estudian la estructura de paisajes que han sido fragmentados por actividades antrópicas. En ellos, el hábitat nativo ha sido transformado a fragmentos de diferente tamaño, por lo que pueden analizar qué patrones espaciales y procesos ecológicos determinan la distribución de las especies en estos paisajes.

“Lo que queremos saber es, aplicando aspectos que tienen que ver con la ecología del paisaje, cómo la estructura del paisaje determina la abundancia, la distribución, la presencia o ausencia de unas especies, su probabilidad de extinción, su proliferación y sus comportamientos. Analizamos patrones de dispersión en el paisaje, si una especie se mueve mucho o no en éste o sus patrones alimenticios, por ejemplo. Hemos estudiado primates, observando qué es lo que comen cuando los recursos son escasos.”

Fragmentación no es lo mismo que pérdida

La pérdida de hábitat es la principal causa de pérdida de especies a nivel global. Además, conlleva otro tipo de problemáticas ambientales, por ejemplo, algunas repercusiones podemos observarlas en la polinización y, por ende, en los cultivos, y en la deforestación que ocasiona más emisiones de gases de efecto invernadero y menos captura de carbono, lo que se puede traducir en un mayor calentamiento global.

Por su parte, la fragmentación, que a veces se confunde con pérdida de hábitat, está más bien relacionada con el grado de rotura del hábitat, el cual queda distribuido por todo el paisaje en pedazos (fragmentos) que pueden ser de diferentes tamaños y en donde pueden vivir distintas especies.

El investigador destaca que, aunque hay quien ve la fragmentación del paisaje como algo negativo, en realidad es mejor tener fragmentos que perder completamente el hábitat.

“Las especies se pueden mover de un sitio a otro en esos fragmentos, en ellos hay alimento y refugio, y conservar todos los fragmentos, sin importar el tamaño, hasta los más pequeños, es importante. Hemos encontrado regiones, como en la selva, que un fragmento pequeño tiene una gran diversidad de plantas y de animales. Encontramos todo el tiempo nuevos registros o especies que sólo se habían visto hasta Guatemala y ahora que están en la Lacandona.”

De esta manera, como dichos fragmentos tienen un gran valor biológico, en ellos pueden habitar distintas especies, algunas viven sin problema en esos espacios y para otras son lugares de paso, en donde llegan, se alimentan y se van a otro sitio.

Asimismo, el doctor Arroyo Rodríguez explica que estos fragmentos también tienen otro papel importante en términos climáticos, ya que enfrían el paisaje y el ambiente se siente fresco. Es el mismo efecto que se produce cuando pasamos cerca de un parque en un día soleado y justo en ese sitio sentimos que la temperatura es más fresca.

“Ese efecto es importante para muchas cosas, se evita la desecación de los ríos, de los cuerpos de agua; son relaciones que muchas veces se nos olvidan, pues el agua se conserva mejor cuando tenemos muchos fragmentos, por ejemplo, la temperatura mejora y cosas que dependen de ella, como la germinación de las plantas, es mejor”, expuso.

Pérdida de hábitat, principal amenaza para las especies

Desde los años 80 empezaron a surgir distintos corredores biológicos, también conocidos como corredores de biodiversidad, en todo el mundo. En Centroamérica, se ubica el corredor biológico Mesoamericano, integrado por un conjunto de reservas, más o menos próximas unas de otras, y que tenía como plan que en algún momento se unieran todas, lo cual finalmente no se logró.

Aunque se pudo haber pensado que un corredor biológico podría ser utilizado para unir estas reservas, el doctor Arroyo Rodríguez enfatiza que la fragmentación del hábitat no es lo que está llevando a la pérdida de especies, sino la desaparición de éste.

Si la fragmentación fuera una amenaza importante, entonces, yo sí me preocuparía en poner corredores, porque estos se ponen para evitar los efectos negativos de la fragmentación, por ejemplo, para que las especies pasen de un fragmento a otro. De esta manera, las especies pueden ir, comer un poco de uno y luego ir a otro. Sin embargo, la evidencia que tenemos es que las especies pueden moverse incluso en ausencia de no corredores. Por tanto, probablemente estos no sean tan necesarios.”

De esta manera, agrega que lo que está llevando a la extinción de las especies no es como tal la fragmentación, sino la pérdida de hábitat, la cual es la principal amenaza.

“Entonces, lo que tenemos que hacer es detener la deforestación e incrementar la cantidad de hábitat; si hubiera recursos, se pueden comprar fragmentos de bosque natural o degradado para incrementar la cantidad de hábitat en los paisajes donde se ha perdido más hábitat. No olvidemos que Naciones Unidas ha declarado la presente década, la “década de la restauración”, pues nunca había sido más urgente recuperar los hábitats naturales que hemos perdido”, concluye.

Por María Luisa Santillán, Ciencia UNAM-DGDC

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