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Rescatar loros, tarea que deja satisfacción de vida

Por Jorge Alanis Zamorano

Hace muchos años, la Península de Yucatán solía estar repleta de loros y su canto era parte del encanto de la entidad. Sin embargo, con la llegada de la modernización esta abundancia se redujo y actualmente este tipo de fauna se encuentra en peligro latente ante su comercialización, la cual, por cierto, es una práctica ilegal ante la ley.

Allá en Progreso, muy cerca del puerto de Chicxulub, nos encontramos una Unidad de Manejo de Vida Silvestre (UMA), la cual está encargada de rehabilitar a estas aves para que llegado el momento, puedan ser liberadas y de esta forma, contribuir a su repoblamiento.

Una historia que comienza con una familia que se involucra en su cuidado, una responsabilidad que crece conforme más ejemplares regresan a su hábitat. No es justo, nos comenta la familia Sánchez Díaz cuando ven las jaulas en las que son confinados los loros, donde apenas caben y son alimentados con semillas de girasol, las cuales solamente los atrofia y los engorda.

Para cuidar y mejorar la ingesta, elaboran la comida que las aves requieren para una nutrición balanceada e incluso, fabricaron una máquina para hacer un tipo de churritos que les proporciona una alimentación completa; es así como estos loros han encontrado la posibilidad de sobrevivir, de reproducirse y de no sufrir el encierro pues se encuentran en un lugar especialmente construido para ellos, verificado, con lo mejor posible para que puedan estar tranquilos.

Llegar a este punto no fue tarea fácil, tuvieron que hacer muchas preguntas e investigar bastante sobre su mantenimiento, logrando cada vez una sensibilización mayor al momento de rescatar las aves. Hoy en día, han logrado el nacimiento de algunas crías y desde el 2018 están registrados ante la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (SEMARNAT) para ser considerados como una UMA. Debido a esto, platiqué con Bruno René Sánchez Díaz y resultó muy interesante lo presentado en la charla:

¿De dónde viene la iniciativa de este proyecto?

En un viaje que hicimos a Chetumal hace varios años, nos encontramos con un pajarero que nos vendió un loro. En nuestra ignorancia, lo tuvimos primero en una jaula pequeña, después nos regalaron más ejemplares y les hicimos una jaula más grande, tratamos de hacer todo lo que se requiere para tenerlos cómodos e incluso metimos algunos nidos. Llegó un momento en el que no encontrábamos a uno de ellos y resultó que tuvo tres crías; cuando relatamos este hecho en nuestras redes empezaron a criticarnos, por lo que decidimos ir ante la SEMARNAT para hacer los trámites y dedicarnos a la reproducción de los loros de forma legal, responsable y certificada.

Hoy cuidan a más de diez loros…

¡Sí! En el transcurso de cinco años ya hemos logrado al menos seis crías. Parte de los ejemplares que hay aquí son de gente que nos los han cedido debido a que no podían seguir cuidando de ellos. Por ejemplo, uno que se llama Max cuyo dueño falleció; tenemos otra que se llama Elsa, su dueña lo trajo porque su hijo la molestaba mucho y la lorita lo picó.

¿Cuál es la esperanza de vida para estas aves?

Viven un promedio de 60 años. Esto significa que tener de mascota un loro es una responsabilidad de mucho tiempo; prácticamente tienes que nacer con él o que tus nietos lo conserven. De hecho, una de las principales razones por las que nos traen ejemplares adultos es debido a que sus dueños envejecieron, pues los tenían desde jóvenes pero actualmente no tienen con quién dejarlos, ya que los familiares no tienen la misma paciencia ni afinidad.

¿Cómo es que saben sobre su manejo y cuidado?

Hemos tomado cursos acreditados ante la SEMARNAT, donde nos enseñaron a identificarlos, las medidas sanitarias a tomar, su alimentación. Todo lo que comen está basado en lo que hemos aprendido con ellos.

Y al respecto, ¿cómo fue el proceso de registro ante la SEMARNAT?

Al hacer la solicitud, los funcionarios vinieron a verificar que el sitio estuviera en orden para lo que se requiere, pues incluso nos pueden multar si no se cumple con éstos y de hecho, el registro es por sí mismo un compromiso de vida. Fuimos con cierto temor ya que poseer loros en México es ilegal, no pueden comercializarse, pero no tuvimos problemas y hoy nuestra unidad cuenta con la supervisión de biólogos que trabajan con nosotros en el mantenimiento, en las revisiones y en las inspecciones, además de veterinarios que vienen constantemente a checar a las aves.

¿Ustedes reciben apoyo para mantener esta UMA?

No, hasta el momento absolutamente todo lo que se requiere corre por nuestra cuenta. Esto es sin fines de lucro, los veterinarios y biólogos nos cuestan a nosotros, pues tenemos que pagar una anualidad para los biólogos que llevan el control, se les paga por los trámites que ellos realizan ante la SEMARNAT y ante otras instancias de gobierno.

¿Cómo es el trato con los loros más allá de lo básico?

Tratamos de no tener humanizados a nuestros animales, es muy poco el contacto que tenemos con ellos. En algunas ocasiones se dejan manipular, sin embargo, siempre están aislados para lograr la reproducción y entre menos convivan con humanos, mejor.

Entonces, ustedes no comercializan los loros; su misión más bien es recuperarlos, mantenerlos y en su momento, liberarlos…

Así es. Mira, en redes sociales encuentras a mucha gente que comercializa con ellos sin tener el conocimiento de cómo mantenerlos, y terminan muriendo debido a la mala alimentación y cuidados inadecuados. A nosotros nos han sacado de varios grupos ya que consideran incorrecto que estemos logrando reproducirlos en cautiverio, pero la idea no es comercializar con ellos para recuperar lo que nos cuesta su cuidado. Necesitamos recuperar la fauna que se está extinguiendo año con año debido a la cacería furtiva, que únicamente provoca la destrucción de los ecosistemas.

Sin duda, de esas pláticas que nos inspiran a seguir tomando acciones en el cuidado de nuestro planeta, pues es importante cambiarnos el chip y voltear a ver hacia un futuro verde, limpio y lleno de vida.

Gracias a Bruno y a su familia por compartirnos su historia, un motivo más para sentirnos orgullosos de lo que somos.

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